lunes, 24 de marzo de 2014

Reseña de Tool en el Palacio de los Deportes. 19 de marzo del 2014. Ciudad de México.

(Creo que esto se merece estar por aquí.)

Este ha sido un concierto especial por muchos motivos. Uno de ellos fue la larga espera de más de 20 años para que Tool pisara territorio mexicano para dar una presentación que se antojaba memorable. Otro era que tantos y tantos fanáticos de culto por fin iban a ver sus deseos vueltos realidad en un escenario con una iluminación y visuales listos para retar el vuelo más tremendo de la imaginación. El lugar fue el ya muy conocido Palacio de los Deportes. Con una entrada muy superior a lo que en lo personal esperaba para lo que podríamos entender como una banda de culto. Ahora me di la oportunidad de contemplar el espectáculo desde un alto punto lo cual nos dio una perspectiva muy distinta de la que estábamos acostumbrados en el domo de cobre. Salió la banda como se esperaba pocos minutos después de las nueve de la noche para comenzar un viaje placentero de pequeñas sinfonías entre luces y colores que hacían mención de los diferentes avatares de la conciencia y existencia humana.
Es interesante observar que Maynard James Keenan funge como un “backman” en lugar de un “frontman” como podría esperarse. Da apoyo y soporte a la banda y se mantiene en una presentación oculta y en penumbra dejando que la música se haga ya haga al público el cual recibió a la banda con un entusiasmo y gran expectación.
Comenzaron a sonar los acordes por parte de Adam Jones y Justin Chancellor para comenzar este viaje profundo a los lugares más recónditos de la imaginación humana con “Hooker with a Penis”. Sólo fue el calentamiento para que la auténtica euforia  y el comienzo en la concentración de la experiencia de dejarse hacer por las melodías se iniciara con “Vicarious”. Las imágenes visuales eran realmente hipnotizantes representando siempre la infinitud posible de la sensibilidad, los desconocidos infinitos del inconsciente, el desdoblamiento, las dualidades y las pluralidades del ser humano, sus infinitos límites y claro oscuros mientras el sonido duro y poderoso de Tool hacía posible percibir todo esto.
“Schism” dio paso al aumento de la euforia y de la atención. El público estaba en sus lugares en distintos trances de disfrute y gozo mientras nos deleitaban ahora con los sonidos de “Pushit”. Todo un espectáculo y una verdadera cátedra contemplar el despliegue de talento de Danny Carey que fungió como una auténtica máquina de doble bombo y un enorme set de platillos teniendo el redoble como base de su ritmo. También nos deleitó con un magnífico solo que ratificó su excelente presentación.
Fue curioso ser partícipes de un intermedio con cuenta regresiva incluida que dio oportunidad de comentar los ‘cómos’ de la experiencia vivida hasta el momento. La Legión se encontraba en distintos puntos del recinto, lo cual nos dará oportunidad de apreciar distintas perspectivas de esta inolvidable presentación.
Se reanudó el viaje con las notas de “Intension” y se llegó a un punto culminante cuando comenzó a sonar una de las más esperadas: “Lateralus”, que nos puso de pie en el viaje de luz y sonido. La presencia de la mirada, las distintas maneras de entender el ojo y su visión siempre son una constante para Tool y en esta presentación no fue la excepción. Miradas hacia el interior del infinito de lo humano y hacia lo infinito de aquello que no es él. Así les siguieron los sonidos de “Jambi” para comenzar a preparar el aterrizaje con “Fortysix and two” que se acompañó de varios estallidos de pequeños brillos de colores que bañaron a todos los asistentes de la pista del Palacio. 

De enorme placer fue el momento cuando comenzó a sonar “Ænema” mientras el público creaba un coro al unísono con la voz de James Keenan para cantar cada estrofa. Por último nos regalaron “Stinkfist” como parte final de una noche memorable donde una de las deudas más grandes musicalmente hablando para el público mexicano ha quedado saldada y algunos nos trasladaremos a provincia para revivir la experiencia no conformes tras haber sido testigos de tan extraordinario concierto. Dos pequeños mensajes en las enormes pantallas fueron la puntilla de la noche para despedir al público sobresaliendo la filial frase de agradecimiento “Tool los ama.”

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