martes, 12 de noviembre de 2013

Hacer costumbre haciendo.

Si algo nos es difícil es el ejercicio de escribir. Es difícil que se haga costumbre porque para nosotros no es costumbre. Parece que aún no hemos creado en nosotros un personaje, una de esas tantas personalidades que nos gusta ser y que venga por sí misma a ser, que este habituada a la escritura. Queremos crearla. Pensábamos que al crear este ejercicio del blog eso ya había tenido un comienzo. Bueno, el comienzo ha sido débil. Esto no se puede crear de la noche a la mañana. De lo poco que podemos rescatar del entorno en el cual estamos absortos y hundidos hasta las narices es que la constancia y la disciplina rinden frutos. Bueno, carecemos de ambas cualidades. Creo que sólo somos capaces de la escucha y la comprensión. A veces de la elocuancia y del reclamo. A veces del grito y de la protesta airada. A veces para la observación y el crear estructura. Pero nada de eso lo hemos podido plasmar en papel. ¿De qué sirve si no se puede llevar a un conjunto de oraciones ordenadas y con sentido? Todo se queda volando de un lado para otro en el desorden caótico que es el pensamiento. Para bien o para mal la única manera de darle estructura y sentido además de hacer comunicable un pensamiento es a través del lenguaje. Y como no tenemos vias par estar dando discursos públicos orales que no sea como merolico en la alameda (que podría ser una idea loca pero viable), pues tenemos que llevarlo a papel. El reto de la tesis es llevarla a papel y que se lea y se revise y se aprube. Bueno si queremos todo eso debemos de comenzar a escribir. Tener la costumbre de escribir. Para eso se creo esto.
¿Por qué no se escribe? Quizá porque no se tenga mucho o siquiera algo que decir. Porque sólo se está acostumbrado a tener el pensamiento un momento dentro de uno mismo y después se deja ir a donde este quiera o tenga que ir o da igual a donde vaya; da igual si desaparece o permanece o regresa según los caprichos de la visceral mente. ¿Qué queremos decir? ¿Qué tenemos que decir? ¿Que importa que tengamos o que queramos decir algo? Quiza nada. Quizá sólo sea importante para nosotros mismos y para nadie más. Pero si se escribe es que se espera ser leido. Se espera que lo escrito sea comunicado. Espera que viaje hasta la lectura e interpretación de alguien más. Quizá no se obtenga respuesta. Quizá eso sea lo de menos. Ahora que leo estas últimas líneas recuerdo el reclamo de un amigo extranjero que quizá vivamos en demasiados quizás. Y estamos de acuerdo con él. Que a veces la apuesta por algo es necesaria. En este caso estamos apostando por escribir. Sin importar que sea gratuitamente. Sin importar que no tenga respuesta o siquiere lectura ni interpretación que, al final, es lo que hace al texto. El texto se hace y se re-hace en su lectura, recordamos haber aprendido alguna vez en una de esas clases acerca de la teoría de Paul Ricoeur leído através del filtro de H. G. Gadamer.
Siendo así llegó el momento de hacer texos. Aunque sea empezar hacer el hábito de los textos pequeños. Hacerno de un nuevo ethos. O integrar a nuestro ethos la escritura, la costumbre de escribir. Que se haga parte de nosotros. Agregar una habitación a nuestro hábitat para que se nos haga natural, fluido, sencillo. Para lograr eso hay que entrenar, crear la costumbre, poco a poco, con constancia, con disciplina. Un vez más pensamos que es la única lección buena que nos han dejado nuestros simbólicos padres y además no la estamos llevando a cabo. La lectura ya está lista. La voluntad de escucha y de comprensión advienen muchas veces. Otras tantas, como casi todo el mundo, no se está de humor para eso, pero son la menor cantidad de ocasiones. El deseo de interpretar y el deseo de preguntar o la sospecha sobre lo dicho, ese pequeño gramo de escepticismo necesario que pide la carga de prueba ya está aquí. Ya lo hemos "sentido". Por muy raro que suene. Pero si no se escribe no se tiene nada. No se dice nada. No hay nada para enfrentar ni confrontar, no se pone uno mismo en la encrucijada del pensamiento ni del debate del pensamiento. Es como ir a un enorme concierto de metal y no meterse al slam. Sólo se contempla, sólo se disfruta pero no se vive, no se goza con todo. Para obtener lo deseado es necesario sacrificar un poco de carne y sangre. Y es en la escritura donde a los que deciden comunicar ideas les va la vida. No se diga más y comenzemos a poner otro ladrillo en la nueva habitación de nuestro hogar. Uno a uno. Poco a poco. Hasta hacerlo parte integral de nosotros mismos. Hasta que sea una necesidad de más de uno de nuestros tantos yo's. Y lo mejor sea que sea de los principales. De los que desean seguir el sueño y poder sonreir después de voltear al recuento de la vida de todos ellos en su conjunto aquí en este sitio donde somos.
¿Qué es lo que se quiere decir? Eso quizá vaya surgiendo en diferentes modalidades y tiempos. Lo que importa ahora es plasmarlo hasta dar los últimos acabados a la habitación.